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Enseñar normas, ¿Qué hacer cuando tenemos hijos de diferentes edades?

Las normas básicas pueden y deben ser comunes. Está claro que no todos los hijos se deben acostar a la misma hora, pero tus hijos pueden aprender que la norma no es la hora en sí, sino que cada uno tiene un momento para irse a la cama.
Las normas de respeto hacia las personas y las cosas son para todos, así como aquellas dirigidas a cumplir con las responsabilidades de cada uno. Es conveniente que cada uno sepa que debe contribuir con algo para que la casa funcione bien. A veces conviene ponerlo por escrito en un lugar visible para todos: ¿de qué se
ocupa papá o mamá o el hermano mayor? Cada uno tendrá tareas en función de su edad y de sus capacidades.
¿Cómo y cuándo poner las normas?
Los límites y las rutinas deben estar presentes en nuestro hogar desde que el niño nace. Las necesidades básicas del bebé van estructurando una serie de acciones que se repiten en el día a día.
A medida que va adquiriendo nuevos comportamientos nos vamos dando cuenta de que es necesario ir poniendo límites. Así, por ejemplo, cuando empieza a desplazarse y empezamos a quitar todo lo que se le puede caer encima, también le vamos avisando del peligro y haciéndole ver que hay cosas que no puede tocar.
En ocasiones lo que ocurre es que nos parece haber llegado a una situación insostenible donde todo es un caos. La casa está totalmente desordenada, los niños se comportan de manera totalmente incontrolada, cualquier incidente nos desborda... en una palabra: no podemos más. Pues bien, incluso en estos casos, es posible recuperar o instalar unas normas.
Para hacerlo, dedica un tiempo a pensar qué es lo que quieres conseguir. No vale decir que deseas que los niños se porten bien; debes ser más específico y marcar objetivos que se puedan observar fácilmente: no vamos a gritar, no vamos a tirar las cosas, te vas a bañar solo, etc. Se trata de que marques claramente la norma, que todo el mundo sepa de qué estamos hablando.
• Recuerda que también es importante que no sean muchas. Elige aquellas que para ti son más importantes y empieza por ellas. Ya habrá tiempo de elegir otras.
Y aunque tu casa te parezca un desastre, confía en que las cosas pueden empezar a ser diferentes.


¿Quién pone las normas?

Las normas las pone el adulto. Tú eres quien sabe lo que quieres enseñar a tu hijo, aunque a veces te surjan dudas sobre el modo de conseguirlo.
La mayoría de las veces hemos tenido poco tiempo para pensar sobre todo esto.
Por eso, antes de precipitarse, es conveniente reflexionar sobre lo que deseamos conseguir.
Para ello:
• Valora lo que has recibido de tu educación y utiliza aquello que te ha sido útil. Recuerda la manera en la que tus padres te educaron y rescata lo que te ha ayudado a sentirte bien y a confiar en ti mismo. A lo mejor te ayudó que tus padres te enseñaran a cuidar los juguetes o a no conseguir todo aquello que pedías. También piensa en aquello que consideres que se podía haber hecho de una manera diferente para no repetirlo con tus hijos.
• Utiliza otros modelos. A lo largo de tu vida habrás encontrado otros estilos educativos (observando a otros padres, experiencia con maestros, etc.). Sírvete de lo que has visto para aplicarlo a tu forma de educar.
• Intenta tener claros los valores que deseas transmitir. Si por ejemplo para ti la sinceridad y el respeto son importantes, dales cabida en tus normas.
• Lee e infórmate. Existen estrategias y técnicas específicas que nos ayudan a acercarnos a los niños para participar en su proceso educativo.
En la elaboración de las normas es imprescindible que haya consenso entre los
adultos que educan al niño. Para lograrlo es necesario hablar con las personas implicadas,
intentando encontrar lo que realmente es mejor para el menor. Si a tu hijo
lo cuidan abuelos u otras personas, comunícales cuáles son las normas y qué vais a
hacer cuando se cumplan y cuando no.
Habla con tu pareja sobre lo que consideráis importante en la educación de vuestro hijo y estableced la manera de conseguirlo. No se trata de imponer nuestra forma de entender las cosas. Cada uno de vosotros ha sido educado en un contexto diferente y posiblemente hayáis vivido situaciones distintas. Intentad llegar a
un consenso.
A veces ayuda hablar con otras personas (padres, profesores, psicólogos, etc.) pues nos dan pistas sobre la manera de abordar determinadas situaciones. Es cierto que sólo si estamos convencidos de que pueden ser útiles podremos asumir los consejos y orientaciones de los demás, por lo que es importante mantener una actitud abierta y reconocer que existen otros puntos de vista y maneras de hacer las cosas.
Cuando hayáis decidido las normas que queréis que regulen vuestra familia, deberéis hacer lo posible para mantenerlas. Es importante que las personas implicadas en la educación del niño sean constantes en la aplicación de las normas y así evitar que el niño reciba mensajes contradictorios.
Aunque cada familia pone las suyas, está claro que existe una serie de normas imprescindibles para garantizar la convivencia y un adecuado desarrollo de los niños.
Son normas esenciales:
• Las que respetan sus necesidades básicas: horas de comer y de ir a la cama,
fundamentalmente.
• Las que le enseñan a respetar a los demás y a las cosas: no se insulta, ni
se grita, ni se pega; no se tiran las cosas ni se rompen los juguetes...
• Las que permiten un adecuado desarrollo de su autonomía: dejamos que
los niños hagan solos lo que pueden hacer por sí mismos.

Diez pistas para tener en cuenta al educar a tus hijos.

Seguir estas simples recomendaciones harán que den un salto de calidad en la educación de tus hijos.

• Mira a tu alrededor. Pararse a ver lo que sucede es el primer paso para iniciar cualquier cambio.
• Ten en cuenta el momento evolutivo de tu hijo: te dará pistas para favorecer su crecimiento.
• Acepta a tu hijo tal y como es, no le compares con nadie. Demuéstrale que le quieres porque desde ahí es mucho más fácil educar.
• No te olvides del horario; saber en cada momento lo que hay que hacer os ayudará a todos.
• Organiza la casa de manera que cada cosa tenga su lugar. Eso os permitirá ahorrar mucho tiempo y esfuerzo.
• Cuida la relación con tu hijo y aprende a disfrutar con él.
• Favorece la comunicación entre todos los miembros de la familia. Los demás no saben lo que piensas si no se lo dices.
• Evita la sobreprotección, el autoritarismo o la falta de disciplina; no son la mejor manera de educar.
• No dudes en reflexionar continuamente sobre tu forma de educar; eso te permitirá resolver las dificultades con más seguridad.
• Siéntete orgulloso de la identidad de tu familia. No hay dos familias iguales y lo importante es que cada una vaya eligiendo lo que desea ser.



Solución para eliminar estrías.

Nuestros hijos y la autonomía.

Los principales logros que vamos a observar en nuestros hijos están relacionados con el desarrollo de su autonomía, en cómo comprenden el mundo que les rodea y en la forma de actuar en él. El niño pequeño que necesita del adulto para alimentarse, comer y salir a pasear se convierte en un adolescente que puede cuidar
de sí mismo y relacionarse con los demás sin problemas.
A lo largo de la infancia el niño adquiere, además, la capacidad para controlar su propia conducta en función de los puntos de referencia que ha ido teniendo. Sus capacidades cognitivas, motoras y afectivas se transforman permitiéndole configurar su forma de pensar, actuar y sentir.
Hasta los 2 años los cambios más relevantes están relacionados con sus movimientos.
 MAMI, ¿Quieres adelgazar?La forma de moverse se perfecciona y cada vez es más capaz de realizar tareas que requieren una mayor precisión. Con la aparición del lenguaje surgen nuevas potencialidades que le permiten procesar lo que escucha y expresarse.
Entre los 2 y los 6 años nos encontramos en un momento importante para el desarrollo del autocontrol y la autonomía.
El niño puede pensar sobre lo que le sucede, establecer relaciones entre su comportamiento y las consecuencias que recibe.
Adquiere los hábitos básicos que le permiten vestirse, asearse, comer... sin la constante ayuda del adulto. En estos momentos las normas se convierten en puntos esenciales para su desarrollo.
A partir de los 6 años los cambios en el pensamiento son los más significativos.
Poco a poco podrá realizar operaciones más complejas, separándose de la percepción inmediata para integrar el conocimiento y su propia experiencia. Mejoran en su capacidad para adoptar otros puntos de vista, organizar diferentes contenidos, razonar, planificar y resolver problemas.
A continuación encontrarás algunos de los cambios que se producen durante la infancia. Ten en cuenta que aunque podemos hablar de unas características comunes, lo cierto es que cada niño lleva su propio ritmo y es esencial que se respete si queremos contribuir en su proceso de maduración.

¿Por qué mi hijo no me hace caso?

Educar es un proceso costoso. Muchos padres admiten sentirse cansados y absorbidos y eso no significa que lo estén haciendo mal o que sean unos malos padres.
Los niños demandan mucha atención, necesitan miles de cuidados, avanzan a un ritmo
asombroso... Y no siempre sabemos qué hacer en cada momento.
La sociedad en la que vivimos tampoco nos lo pone demasiado fácil (quizá nunca lo ha sido). Son muchas las obligaciones y las dificultades, y el ritmo actual es demasiado rápido. Todo son prisas, hay demasiadas cosas que hacer y los cambios son tan frenéticos que apenas nos da tiempo a acostumbrarnos.
Quizá por eso nos volvemos impacientes y pretendemos que los niños hagan las cosas a la primera, incluido obedecer.
Pero es que todo lleva su tiempo. El bebé se encuentra ante un sinfín de posibilidades de crecimiento y aunque nace con un temperamento propio lo cierto es que el ambiente en que se desenvuelva será determinante a la hora de configurar su personalidad.
Los niños aprenden durante sus primeros años de vida muchas cosas. En un par de años son capaces de desplazarse, de hablar, de interactuar con los demás...
y cada vez con menos ayuda de los adultos. Y es que educar es, fundamentalmente, guiar hacia la autonomía. Como padres somos responsables de ayudar a nuestros hijos a que aprendan a desenvolverse por sí mismos y que lo hagan en un contexto de respeto hacia los demás y las cosas que los rodean.
En ese proceso hacia la autonomía contamos con una ventaja indiscutible: los niños quieren. Ellos desean hacer las cosas solos y se sienten felices cuando realizan tareas que hasta ese momento les parecían imposibles. Se van a sentir muy contentos al escuchar sus primeras palabras, al dar sus primeros pasos, al lavarse solos el pelo, al hacer un recado fuera de casa... Si el entorno está atento a estos cambios le
hará ver lo importantes que son, y el niño irá creciendo con confianza en sí mismo.
Porque también es nuestro objetivo que se sientan a gusto, que sean capaces de disfrutar de la vida y de todo lo que hagan.
Los niños no vienen con manual de instrucciones, pero podemos irlo creando.
A partir de la experiencia de muchas familias y de los estudios que en Psicología y Pedagogía se han realizado podemos establecer una serie de claves y estrategias que contribuyen a que la tarea de educar sea un poco más sencilla.


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