El inicio de la LM en el posparto inmediato permite la secreción de oxitocina a través de la succión del pezón
por el recién nacido, la cual promueve las contracciones uterinas y la expulsión rápida de la placenta, y evita
la hemorragia posparto, acelerando la involución uterina. Con la LME se incrementa la secreción de prolactina,
se impide la secreción de hormona liberadora de gonadotropinas por el hipotálamo y a su vez de gonadotropinas
hipofisiarias (hormona foliculoestimulante y luteinizante), se inhibe el desarrollo de los folículos
ováricos, ovulación y menstruación, esta inhibición se prolongará
mientras la lactancia sea frecuente, incrementará el intervalo entre
los embarazos y estimulará la producción suficiente de leche para
el bebé.
Previene la depresión posparto, ya que la oxitocina liberada durante
la succión del pezón desencadena en la madre un efecto
tranquilizador y de bienestar. Al amamantar se secretan endorfinas
que alcanzan un pico máximo a los 20 minutos de iniciada la lactancia,
provocando en la madre sensaciones placenteras. El bebé
también se ve recompensado, porque se las transfiere a través de
la leche, creando un vínculo (apego) muy especial.
La LME incrementa la producción de prolactina, que facilita la actividad
de la lipoproteina lipasa en la glándula mamaria y la inhibe
en el tejido celular subcutáneo, disminuyendo el depósito de tejido
adiposo, condicionando en las mujeres una recuperación del
peso previo al embarazo más rápidamente, observándose a los
seis primeros meses una disminución de la cadera entre un 4 y 6%
aproximadamente.
Otra ventaja para la madre es la protección contra el cáncer de
mama y ovario. También le brinda comodidad a la madre, porque
no tiene que preparar ni esterilizar biberones, especialmente cuando
trabaja o viaja.
Ventajas Familiares y sociales
La LM refuerza los lazos afectivos en la familia, promueve el cuidado
de los hijos, previene el maltrato infantil y el retraso de nuevos
embarazos.
Con este tipo de alimentación, la familia obtiene ventaja econó-
mica al no gastar en leche artificial, biberones, envases, etc., con
un menor costo en la salud de sus integrantes, repercutiendo en
todas las sociedades, ya que disminuye la morbilidad infantil en el
mundo y la mortalidad en los países en vías de desarrollo.
Ventajas ecológicas
La leche humana es un producto natural, renovable y no contaminante.
Con esta práctica de alimentación se evita el daño
al medio ambiente, ya que los intereses comerciales de la alimentación
artificial han propiciado la creación de industrias para
procesar la leche, fabricar envases y biberones que consumen
grandes cantidades de combustible y producen contaminación.
Promueve el uso de aluminio, estaño, cartón y papel para la
elaboración de recipientes, que al desecharse generan basura;
la leche envasada contiene cuarenta veces más aluminio y
nueve veces más cantidad de plomo que la humana, además
la producción de leche de vaca ha provocado la destrucción
de bosques para crear pastizales. Otros fenómenos condicionados
por la alimentación artificial, son la producción de biberones
y utensilios de plástico, vidrio, silicona o de hule, que al
ser incinerados como basura, generan sustancias cancerígenas
(dioxinas). También se fomenta el consumo de apósitos, tampones
y papel por parte de las madres que no amamantan y
que presentan su periodo menstrual tempranamente. Se usa
indiscriminadamente el agua para preparar la fórmula láctea,
lavar los utensilios y hervir los biberones y chupones.
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Lactancia materna, ventajas para tu hijo.
Las ventajas inmunológicas son bien conocidas hasta los primeros
6 meses de vida, pero la protección frente a muchos patógenos se
alarga hasta los 2 años y medio.
La protección contra las enfermedades se clasifica de la siguiente manera:
a) Enfermedades gastrointestinales. Se han identificado componentes de la leche materna que confieren protección contra patógenos específicos del intestino como Rotavirus, C. jejuni, C. diffícile, G. lamblia, S. tiphymurium, especies de Escherichia, Shigella y V. cholerae.
b) Enfermedades respiratorias y otitis media. La LME protege contra las infecciones de las vías respiratorias altas, principalmente la otitis media. En varios estudios se ha demostrado también que la frecuencia y gravedad de las infecciones de las vías respiratorias bajas como la neumonía, bronquitis y bronquiolitis disminuye en los lactantes alimentados con leche humana.
c) Otras infecciones. La leche humana protege contra la enterocolitis necrosante en lactantes de pretérmino y contra la bacteriemia y meningitis causada por H. influenza tipo B.
d) Disminución de la inflamación. La leche materna protege al lactante y a la glándula mamaria contra agentes patógenos, sin producir efectos inflamatorios.
e) Estimulación de la inmunidad. Hay evidencias epidemiológicas y experimentales de que la leche materna afecta la inmunomodulación a largo plazo y los lactantes corren menor riesgo de padecer enfermedades alérgicas, trastornos digestivos crónicos, Diabetes mellitus tipo 1, enfermedad de Crohn y linfoma. Además, las concentraciones de anticuerpos neutralizantes para el polisacárido Hib, la vacuna del poliovirus oral y el toxoide de la difteria, en respuesta a las vacunas aplicadas en la infancia, son más altas en los bebés alimentados con leche materna.
La leche humana se adapta a las necesidades nutricionales del lactante, contiene lípidos que representan su principal fuente de energía, ya que le proporcionan triglicéridos, que son ácidos grasos esenciales imprescindibles para el crecimiento y desarrollo del cerebro, retina y los centros auditivos y que además cumplen con funciones estructurales de la membrana celular y síntesis de prostaglandinas. La lactosa es el principal hidrato de carbono, necesario para el crecimiento y desarrollo del sistema nervioso central (SNC). De igual forma, las proteínas proporcionan aminoácidos esenciales, que favorecen el desarrollo de este mismo sistema. Por otra parte, la LME promueve un mejor desarrollo motor infantil. La vitamina A asegura el crecimiento, desarrollo y modulación de los huesos y cartílago, la vitamina E incrementa la producción de inmunoglobulinas, favorece la función normal de linfocitos T y tiene actividad antioxidante que estabiliza la membrana celular, la vitamina D controla la absorción y homeostasis del calcio. La vitamina C tiene diversas funciones, como el sintetizar colágeno y glucosaminoglucanos que constituyen el tejido conectivo y carnitina necesaria para la formación de catecolaminas; también participa en el desarrollo y funcionamiento del SNC, permite la eliminación de fármacos y tóxicos por el hígado y actúa en el sistema inmunitario. Las vitaminas del complejo B funcionan con carácter coenzimático en el metabolismo. La cantidad de agua de la leche materna es del 87%, por lo que el bebé amamantado no necesita agua complementaria, tiene menos sobrecarga renal y un menor riesgo de deshidratación. El bebé puede digerir la leche materna fácilmente, porque la caseína forma cuajos de consistencia blanda en el estómago y se asimila más rápido, además la presencia de lactosa en todo el intestino delgado favorece el tránsito intestinal, con deposiciones más líquidas y ácidas, que contienen cuerpos reductores que evitan el estreñimiento y la dermatitis del pañal. Debido a las prostaglandinas que estimulan la motilidad intestinal, la frecuencia de vómito, diarrea, regurgitaciones y reflujo es baja. Las proteínas homólogas disminuyen la posibilidad de reacciones alérgicas como el asma, eccema y eritema, ya que el bebé no se expone a antígenos alimentarios extraños. Siempre está disponible a la temperatura y consistencia adecuadas, lo que favorece una mejor tolerancia. Si se continúa el amamantamiento en presencia de diarrea mejora la consistencia y disminuye el número de evacuaciones. Durante la succión del pecho, los músculos de la mandíbula del niño se ejercitan, lo que fomenta el desarrollo de una mandíbula bien formada con dientes rectos.
El vínculo que se establece en la LME, le brinda al bebé una sensación de bienestar y seguridad, lo que constituye la primera experiencia social de su vida, de esta manera le potencializa una autoestima adecuada y una inteligencia emocional para toda la vida, así como la atención y protección materna.
La protección contra las enfermedades se clasifica de la siguiente manera:
a) Enfermedades gastrointestinales. Se han identificado componentes de la leche materna que confieren protección contra patógenos específicos del intestino como Rotavirus, C. jejuni, C. diffícile, G. lamblia, S. tiphymurium, especies de Escherichia, Shigella y V. cholerae.
b) Enfermedades respiratorias y otitis media. La LME protege contra las infecciones de las vías respiratorias altas, principalmente la otitis media. En varios estudios se ha demostrado también que la frecuencia y gravedad de las infecciones de las vías respiratorias bajas como la neumonía, bronquitis y bronquiolitis disminuye en los lactantes alimentados con leche humana.
c) Otras infecciones. La leche humana protege contra la enterocolitis necrosante en lactantes de pretérmino y contra la bacteriemia y meningitis causada por H. influenza tipo B.
d) Disminución de la inflamación. La leche materna protege al lactante y a la glándula mamaria contra agentes patógenos, sin producir efectos inflamatorios.
e) Estimulación de la inmunidad. Hay evidencias epidemiológicas y experimentales de que la leche materna afecta la inmunomodulación a largo plazo y los lactantes corren menor riesgo de padecer enfermedades alérgicas, trastornos digestivos crónicos, Diabetes mellitus tipo 1, enfermedad de Crohn y linfoma. Además, las concentraciones de anticuerpos neutralizantes para el polisacárido Hib, la vacuna del poliovirus oral y el toxoide de la difteria, en respuesta a las vacunas aplicadas en la infancia, son más altas en los bebés alimentados con leche materna.
La leche humana se adapta a las necesidades nutricionales del lactante, contiene lípidos que representan su principal fuente de energía, ya que le proporcionan triglicéridos, que son ácidos grasos esenciales imprescindibles para el crecimiento y desarrollo del cerebro, retina y los centros auditivos y que además cumplen con funciones estructurales de la membrana celular y síntesis de prostaglandinas. La lactosa es el principal hidrato de carbono, necesario para el crecimiento y desarrollo del sistema nervioso central (SNC). De igual forma, las proteínas proporcionan aminoácidos esenciales, que favorecen el desarrollo de este mismo sistema. Por otra parte, la LME promueve un mejor desarrollo motor infantil. La vitamina A asegura el crecimiento, desarrollo y modulación de los huesos y cartílago, la vitamina E incrementa la producción de inmunoglobulinas, favorece la función normal de linfocitos T y tiene actividad antioxidante que estabiliza la membrana celular, la vitamina D controla la absorción y homeostasis del calcio. La vitamina C tiene diversas funciones, como el sintetizar colágeno y glucosaminoglucanos que constituyen el tejido conectivo y carnitina necesaria para la formación de catecolaminas; también participa en el desarrollo y funcionamiento del SNC, permite la eliminación de fármacos y tóxicos por el hígado y actúa en el sistema inmunitario. Las vitaminas del complejo B funcionan con carácter coenzimático en el metabolismo. La cantidad de agua de la leche materna es del 87%, por lo que el bebé amamantado no necesita agua complementaria, tiene menos sobrecarga renal y un menor riesgo de deshidratación. El bebé puede digerir la leche materna fácilmente, porque la caseína forma cuajos de consistencia blanda en el estómago y se asimila más rápido, además la presencia de lactosa en todo el intestino delgado favorece el tránsito intestinal, con deposiciones más líquidas y ácidas, que contienen cuerpos reductores que evitan el estreñimiento y la dermatitis del pañal. Debido a las prostaglandinas que estimulan la motilidad intestinal, la frecuencia de vómito, diarrea, regurgitaciones y reflujo es baja. Las proteínas homólogas disminuyen la posibilidad de reacciones alérgicas como el asma, eccema y eritema, ya que el bebé no se expone a antígenos alimentarios extraños. Siempre está disponible a la temperatura y consistencia adecuadas, lo que favorece una mejor tolerancia. Si se continúa el amamantamiento en presencia de diarrea mejora la consistencia y disminuye el número de evacuaciones. Durante la succión del pecho, los músculos de la mandíbula del niño se ejercitan, lo que fomenta el desarrollo de una mandíbula bien formada con dientes rectos.
El vínculo que se establece en la LME, le brinda al bebé una sensación de bienestar y seguridad, lo que constituye la primera experiencia social de su vida, de esta manera le potencializa una autoestima adecuada y una inteligencia emocional para toda la vida, así como la atención y protección materna.
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