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¿Qué es la diabetes gestacional?

La diabetes gestacional es un tipo de diabetes que afecta a las mujeres durante el embarazo. Si usted tiene diabetes, su cuerpo no puede utilizar los azúcares y almidones (carbohidratos) que toma de los alimentos para producir energía. Debido a esto, su cuerpo acumula azúcar adicional en la sangre. No conocemos todas las causas de la diabetes gestacional. Algunas mujeres con esta enfermedad, aunque no todas, tienen sobrepeso antes de quedar embarazadas o antecedentes familiares de diabetes. Entre 1 de cada 50 y 1 de cada 20 mujeres embarazadas presenta diabetes gestacional. Esta enfermedad ocurre con más frecuencia en mujeres hispanas, negras, asiáticas, indoamericanas y nativas de Alaska, aunque también ocurre en las mujeres blancas.

Pero seguramente lo que más les preocupa a las mamás es si su diabetes puede afectar a su bebe, si la diabetes gestacional no se controla, puede que su bebé:
 • Sea muy grande (pese más de 9 libras), lo que puede ocasionar problemas durante el parto. Un bebé grande que nace por parto vaginal puede sufrir daños en los nervios de los hombros, romperse la clavícula o, con menos frecuencia, sufrir daños cerebrales debido a la falta de oxígeno.
 • Sufra cambios rápidos en los niveles de azúcar en la sangre después de su nacimiento. El médico le hará seguimiento a su bebé para observar si presenta niveles bajos de azúcar en la sangre y le dará tratamiento de ser necesario.
 • Tenga más probabilidad de ser obeso o tener sobrepeso durante la infancia o adolescencia. La obesidad puede ocasionar diabetes tipo 2.

Si la diabetes gestacional no se controla, puede que usted: 
• Tenga complicaciones durante el parto.
• Dé a luz un bebé muy grande y tengan que hacerle una cesárea (una operación para sacar al bebé a través del abdomen). 
• Necesite más tiempo para recuperarse del parto si el bebé nació por cesárea. 
• Las mujeres con diabetes gestacional también pueden sufrir de preeclampsia. 
• Algunas veces, la diabetes no desaparece después del parto o regresa tiempo después del embarazo. Si esto ocurre, entonces se llama diabetes tipo 2. 

✓  Asegúrese de pedirle al médico que le haga una prueba de diabetes después del parto y nuevamente a las 6 semanas de haber dado a luz. 
✓ Siga consumiendo alimentos saludables y ejercitándose regularmente.
✓ Vaya a sus consultas de rutina y pídale a su médico que le haga la prueba de azúcar en la sangre cada 1 a 3 años. 
✓ Dígale a su médico si planea tener más hijos antes de su próximo embarazo.
 ✓ Vigile su peso. Usted debe volver al peso que tenía antes de quedar embarazada entre 6 y 12 meses después del nacimiento de su bebé. Si todavía, tiene peso de más trate de perder entre 5% y 7% (por ejemplo, 10 a 14 libras si pesa 200 libras) de su peso corporal. 
✓ Planee perder peso lentamente para que no lo recupere. Comer alimentos saludables, perder peso y hacer ejercicio con regularidad pueden ayudar a retrasar o prevenir la diabetes tipo 2 en el futuro. 

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Las madres después del parto, y ahora ¿Qué hago con la celulitis?

Usted seguramente estará esperando que sus pechos crezcan. Además, ya sabe todo acerca del descontrol hormonal que trae aparejado el embarazo. Y las náuseas matinales no la habrán sorprendido en lo absoluto. Pero nadie le ha dicho nada acerca de la celulitis adicional que aparece durante el transcurso del embarazo. Habrá algunas cosas con las que deberá y podrá lidiar durante su embarazo, así como también habrá otras de las que no podrá ocuparse. Si usted es como la mayoría de las mujeres; la celulitis estará en su lista de "cosas contra las que no podrá luchar sin ayuda extra".

Requesón y Hoyuelos
Aunque muchas personas prefieran referirse a la celulitis utilizando un nombre positivo o divertido, como por ejemplo "hoyuelos de grasa", usted sabe que la celulitis no es nada agradable. A pesar de ser algo sumamente desagradable, la apariencia de piel poceada en la parte trasera de sus muslos, en sus caderas y en sus nalgas es algo sumamente normal que padecen la mayor parte de las mujeres. Pero, ¿qué es la celulitis?. Básicamente, la celulitis puede taducirse como una acumulación de depósitos de grasa. Cuando usted aumenta de peso (tal y como sucede con todas las mujeres durante el embarazo), las células adiposas que se encuentran ubicadas debajo de la piel comienzan a crecer, y traen como consecuencia que su piel adquiera el aspecto de una cáscara de naranja.

Curiosamente, el término celulitis no es realmente un término médico. El mismo fue acuñado en el año 1973 por la industria de los spa y de los salones de belleza. De acuerdo a la industria médica, la celulitis está compuesta simplemente por depósitos de grasa corporal normales.

Gracias Mamá
Las causas de la celulitis tienden a variar de acuerdo a la persona sobre la cuál nos estemos refiriendo. Si fuera por la opinión de su doctor de cabecera, los factores que podrían dar como resultado la formación de celulitis son simplemente: el exceso de peso, el comer una dieta deficiente y/o la falta de ejercicio. Por otro lado, cuando esté siendo atendida en el spa al que concurra asiduamente -sin embargo- seguramente se le explicará que, además de la acumulación de grasa, la celulitis es causada por la retención de líquidos, por una deficiente circulación y posiblemente -e incluso- por la presencia de toxinas en su organismo.

Sin importar la causa que dió origen a la celulitis, una cosa es cierta: las mujeres la padecen mucho más que los hombres. Ésto se da debido a la diferencia en la forma en que la grasa, los músculos y el tejido conectivo están distribuidos en las mujeres y en los hombres. Además, sus genes así como también el grosor de su piel juegan un rol crucial en la determinación de cuánta celulitis hay en su cuerpo. Y, si usted raramente hace ejercicio y come una dieta deficiente y desequilibrada, podrá apostar su pote de crema anticelulítica ya que será muy difícil pelear contra toda la celulitis que habrá en su cuerpo.

Luchar Contra la Celulitis; Sentirse Genial
La pregunta número uno en la mente de todas las mujeres cuando ven que tienen celulitis es la siguiente: "¿Cómo me deshago de ella?". A pesar de que estamos buscando un remedio milagroso para erradicar la celulitis para siempre y que nos permita mantener nuestro bello cuerpo alejado de este vil invasor, desafortunadamente -en la actualidad- no existe ningún remedio disponible que pueda erradicar la celulitis de manera permanente.

Dado que lo que usted come y el nivel de ejercicios que realice son los principales factores detrás de la celulitis, el hecho de seguir una dieta balanceada y hacer ejercicio regularmente la ayudarán a aliviar los síntomas de la celulitis. Tanto los ejercicios aeróbicos como los de estiramiento son buenos ‘tratamiemtos para atacar la celulitis’.

Aunque seguir un estilo de vida saludable y sano siempre es una buena idea, cuando usted está embarazada es más necesario que nunca. No solamente para reducir su celulitis, sino también para asegurarse de que su bebé se desarrollará y crecerá saludablemente. Y, enfrentémoslo, ésto es verdaderamente mucho más importante que unos pocos hoyuelos antiestéticos en sus muslos.

Pero, digamos que usted ya está siguiendo una dieta sana (la mayor parte del tiempo) y que se ejercita -al menos- tres veces por semana, pero la celulitis aún está ahí. ¿Qué otra opciones tiene?

El monstruo de la infertilidad, ¿qué es? ¿Cómo vencerlo?

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La infertilidad es un problema común que afecta a una de cada seis parejas. Puede ser definida como la incapacidad de completar un embarazo luego de un tiempo razonable de relaciones sexuales sin tomar medidas anticonceptivas. Las causas del incremento en la prevalencia de la infertilidad son difíciles de establecer. Este aumento podría deberse por lo menos a cuatro factores: postergación del momento en que se decide tener hijos, alteraciones en la calidad del semen debido a há- bitos como el tabaquismo y el alcohol, cambios en la conducta sexual y eliminación de la mayoría de los tabúes.
Es indiscutible que las costumbres sociales han variado, por ejemplo, la edad a la que las parejas decidís tener hijos. Esto se debe a que las parejas buscáis una estabilidad personal, social, económica y laboral antes de tener descendencia, lo que suele ocurrir cuando la mujer ya ha cumplido los 30 años, edad en la que la capacidad de reproducción puede haber disminuido.
Someterse a un tratamiento médico produce, en casi todos los casos, importantes alteraciones emocionales y estrés en los pacientes, pero en el caso de los tratamientos por infertilidad, estas consecuencias se viven con especial intensidad. La capacidad reproductiva es un aspecto muy privado de vuestra vida, por lo que el inicio de una intervención terapéutica por infertilidad se suele asociar con la cesión de un elemento importante de vuestra intimidad a personas externas al núcleo de la pareja (médicos, enfermeras, personal sanitario, etc.). En los casos en que el motivo de la infertilidad no está determinado, estas alteraciones suelen manifestarse en mayor medida.
En el caso de la infertilidad, por ejemplo, los datos parecen indicar que las mujeres muestran más grado de malestar que los hombres, ya que suelen valorar en mayor medida los problemas de fertilidad como un cataclismo, además de soportar directamente el tratamiento y de sentir su fracaso con la bajada de la menstruación. El modo en que cada sujeto va a verse afectado emocionalmente por el diagnóstico y el tratamiento de su problema de infertilidad/esterilidad es diferente en cada caso y depende de su personalidad, equilibrio emocional previo, recursos emocionales y conductuales, apoyo social externo, estado de sus relaciones de pareja, disponibilidad económica, etc., por citar solo algunos ejemplos pero, sobre todo, de las estrategias de afrontamiento que despliega ante el problema.
Sin embargo existen también numerosos casos en los cuales, muchas parejas han podido superar a este monstruo de la infertilidad, y hoy disfrutan de sus hijos.
Los tratamientos son variados y generalmente muy caros, pero afortunadamente también existen otro tipos de tratamientos que implican costos casi nulos, y resultados igual o mejor que los más caros, sin la necesidad de bombardear al cuerpo de las futuras mamás con drogas y hormonas.
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¿Cómo y cuándo poner las normas a nuestros hijos?

Los límites y las rutinas deben estar presentes en nuestro hogar desde que el niño nace. Las necesidades básicas del bebé van estructurando una serie de acciones que se repiten en el día a día. A medida que va adquiriendo nuevos comportamientos nos vamos dando cuenta de que es necesario ir poniendo límites. Así, por ejemplo, cuando empieza a desplazarse y empezamos a quitar todo lo que se le puede caer encima, también le vamos avisando del peligro y haciéndole ver que hay cosas que no puede tocar. En ocasiones lo que ocurre es que nos parece haber llegado a una situación insostenible donde todo es un caos. La casa está totalmente desordenada, los niños se comportan de manera totalmente incontrolada, cualquier incidente nos desborda... en una palabra: no podemos más. Pues bien, incluso en estos casos, es posible recuperar o instalar unas normas. Para hacerlo, dedica un tiempo a pensar qué es lo que quieres conseguir. No vale decir que deseas que los niños se porten bien; debes ser más específico y marcar objetivos que se puedan observar fácilmente: no vamos a gritar, no vamos a tirar las cosas, te vas a bañar solo, etc. Se trata de que marques claramente la norma, que todo el mundo sepa de qué estamos hablando.
• Recuerda que también es importante que no sean muchas. Elige aquellas que para ti son más importantes y empieza por ellas. Ya habrá tiempo de elegir otras. Y aunque tu casa te parezca un desastre, confía en que las cosas pueden empezar a ser diferentes. A continuación tienes un ejemplo: Las normas de casa
• Aprendo a tratar a los demás: no insulto, no pego y no grito.
• Cuando me equivoco pido perdón. • Cuido las cosas y las guardo.
• Veo la televisión y cuando acabo la apago. • Ayudo a mamá y a papá a poner y a quitar la mesa; así aprendo.
• Cuando quiero salir pido permiso.
Si te ayuda, no dudes en colocar un cartel en un lugar visible de tu casa para que todo el mundo conozca lo que debe hacer, aunque claro, eso no garantiza que se cumplan. Para conseguirlo, necesitamos práctica. Además, es imprescindible que a la norma le acompañe su consecuencia (tanto positiva como negativa). Más adelante veremos algunas maneras de hacerlo.

¿Por qué nos cuesta poner límites a nuestros hijos?

 Aumenta la inteligencia de tu hijo
Muchas veces nos cuesta imponer las normas porque no estamos plenamente convencidos de ellas. Si tienes dudas en cuanto a una norma en concreto, reví- sala para ver qué está fallando. Si tú no lo tienes claro, lo más probable es que tu hijo perciba esa inseguridad y no consigas instaurarla. En ocasiones lo que sucede es que nos sentimos demasiado presionados por los demás. Por ejemplo, tenemos claro que no podemos comprar a los niños todos los juguetes que nos piden. Sabemos que de hacerlo aprenderán poco sobre la importancia del esfuerzo y les costará aceptar que no se puede conseguir todo lo que se desea. Pero recibimos una fuerte presión para comprar y comprar. La publicidad de la tele es continua, los juguetes están accesibles en cualquier temporada, parece que no eres un buen padre si no le compras algo por haberse portado bien en casa, etc. Debemos estar atentos a todas estas presiones y evitar que sigan influyendo en lo que nosotros deseamos conseguir. Una vez más: tú eres el adulto y pones la norma. Debes pensar en ella, conviene que hables con otras personas y te informes y que llegues a un consenso, pero todo debe partir de tu deseo pues tú eres quien educa. Tu hijo, en cuanto pueda, empezará a mostrar negación hacia la norma. Alrededor de los 2 años puede empezar a decirte a eso que NO. Deberás creerte que realmente eres tú quien dice lo que se puede o no se puede hacer, aunque te cueste, aunque te parezca que le estás haciendo daño... Pero tu hijo necesita saber que eres tú quien pone las normas, pues eso le permite desarrollarse en un entorno seguro. A medida que vaya creciendo y aumente su capacidad de razonar podrá ir participando en la elaboración de esas normas y, ya adolescente, incluso deberéis intentar llegar a acuerdos sobre las mismas. En algunos momentos será necesario insistir en unas normas determinadas frente a otras. Una vez conseguidas, es posible que surjan nuevas situaciones a las que haya que poner reglas. Y es que la vida no es siempre igual, por eso las normas se pueden ir modificando y adaptándose a las nuevas situaciones. Cuando las normas se han vivido de forma razonada y coherente acaban teniendo validez para tu hijo no sólo porque tú lo dices, sino porque él las considera importantes.

¿Qué hacer cuando tenemos hijos de diferentes edades? Las normas básicas pueden y deben ser comunes. Está claro que no todos los hijos se deben acostar a la misma hora, pero tus hijos pueden aprender que la norma no es la hora en sí, sino que cada uno tiene un momento para irse a la cama. Las normas de respeto hacia las personas y las cosas son para todos, así como aquellas dirigidas a cumplir con las responsabilidades de cada uno. Es conveniente que cada uno sepa que debe contribuir con algo para que la casa funcione bien. A veces conviene ponerlo por escrito en un lugar visible para todos: ¿de qué se ocupa papá o mamá o el hermano mayor? Cada uno tendrá tareas en función de su edad y de sus capacidades.

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